Aug
29

Desde que hace unos meses llegó a mis oídos que el Sr. Mosquera había encontrado un parecido razonable entre quien aquí les escribe y el humorista Berto Romero estoy que no me cabe ni el bigote de una gamba -risas enlatadas-. Posiblemente ustedes, cargados de mala baba como están, no compartan el criterio del buen Mosquera. ‘Fruslerías, donde se ponga un cruce entre Pepiño Blanco y Mr. Bean que se quite el Berto ese…‘, dirán ustedes. Pues oigan, en este tema casi que pueden envainarse sus opiniones. Tan orgulloso estoy de mi primer parecido razonable no vergonzante que me planteo un upgrade al mundo gafapastero -sí, una vez más, y pese al punto lesbiano que según No a todo dan-.
A cuento de todo esto y con ayuda de Roberto últimamente he prestado algo de atención al mundo de Berto y la compañía de teatro de la que forma parte, El Cansancio. Son buenos esta gente. Me ocurre bastantes veces que humoristas/showmans que a tanta gente resultan tronchantes -sin pensar me vienen a la cabeza Les Luthiers, Muchachada Nui, Buenafuente, Dilbert…-, a mi me dejan helado, pero oigan, este clon que me ha salido -otra vez risas enlatadas-, ya sea el sólo o como parte de El Cansancio, es bien bueno. Tiene ese don de pocos de hacer gracia porque sí, así que enseguida despunta con un puñado de paridas elaboradas y buen puestas en escena.
Ramón #02: El saber estar punky
Ramón #03: La piratería discográfica
Ramón #13: Las ciencias ocultas
Entre su prolífica carrera humorística -de la que desconozco casi todo- hoy vengo a recomendarles la serie de 20 programas de 10/15 minutos cada uno emitidos por Internet bajo el nombre de ‘Ramón’ y con los cuales aun me he reído un rato esta semana. En teoría deberían estar disponibles en su web Los Cansados, pero los enlaces están rotos. Es posible encontrarlos en redes P2P, aunque con dificultades, así que les dejo una muestra de cuatro de los programas para que se hagan una idea. Si quieren más y no consiguen localizarlos, coméntenmelo y veremos que se puede hacer. ¿A que están bien?
Aug
28
Libertad es tocar la trompeta. Libertinaje es tocarla a las cinco de la mañana bajo tu balcón.
– D. Antonio Zorelle. Insigne y emérito profesor.
No ha sido profesor mío, sino de Roberto, en Ourense, que es de boca de quien yo escuché esa frase que tanto me gustó. Queda anotada aquí para no volver a olvidarla.
Aug
26

Entre tarta y tarta de plátano con almendras he estado leyendo la colección de relatos cortos que, bajo el -muy sugerente- título de ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’ (Je voudrais que quelqu’un m’attende quelque part), catapultó hace pocos años al éxito a la joven -y muy muy guapa- escritora francesa Anna Gavalda.
Citando directamente la contraportada del libro: [...] Los doce relatos breves e incisivos de ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’ están protagonizados por un abanico de personajes que se enfrentan a diferentes tragedias cotidianas, que muestran los placeres y angustias que les condenan o les redimen. Cada narración pone al descubierto emociones humanas esenciales que cobran su mayor intensidad en momentos cruciales para el destino de sus protagonistas. [...].
La colección de relatos resulta en un panfletillo de lectura muy simple que se puede despachar sin problemas en un par de horas. Cada historia se narra con un tono fresco, íntimo y original que busca capturar los sentimientos de lo cotidiano y agitar las emociones del lector con giros inesperados. Para ello Gavalda utiliza un lenguaje incisivo, actual, con frases cortas y sin adornos, con un punto de ironía, posiblemente más cercano al lenguaje oral que al escrito. Mis relatos preferidos han sido ‘Durante años’ (que narra el inesperado reencuentro de su protagonista con un pasado sentimental que nunca ha conseguido olvidar del todo), ‘Este hombre y esta mujer’ (donde se plasma la soledad que se vive dentro de un coche en el que viajan dos personas que ya no se quieren) y ‘El suceso del día’ (que muestra como un accidente de tráfico en principio ajeno a los protagonistas de la historia cambiará sus vidas para siempre).
En definitiva, una libro bien sencillo de leer -mi copia queda a disposición de ustedes- para conocer a una de las escritoras de éxito actuales de nuestros vecinos de arriba. Yo ahora barajo ir a por una de las novelas de esta buena señora. O bien ‘Juntos, nada más’ (Ensemble, c’est tout, que incluso ha tenido secuela cinematográfica reciente), o bien, ‘La amaba’ (Je l’aimais), con muchas más posibilidades, tanto por dimensión como por la temática. ¿Ustedes ya han leído alguna de estas? ¿Algo que sugerir al respecto?
Aug
23
Desentrañados los secretos de los tiramisús en un segundo intento con una presentación algo más elaborada, mi ayudante anónimo y quien les escribe nos fuimos ayer al FNAC con el objetivo de rebuscar entre los libros de cocina allí disponibles para localizar y fotografiar clandestinamente alguna receta apetecible. Si bien, toda la maña que demostramos tener en la cocina nos falta en el tema espionaje, de forma que los resultados de nuestra investigación resultaron ilegibles. Habida cuenta del problema y de que el desembolso económico en los ingredientes para una tarta de plátano ya estaba realizado, el destino -aka Google- nos volvió a llevar al magnífico blog de La Cocina de Lechuza. Allí encontramos una receta más o menos equivalente y que ha resultado en una excelente relación exquisitez /esfuerzo.
Sobre la receta original hicimos mínimas variaciones en los ingredientes: 3 huevos, 125 gr. de azúcar, 1 sobre de levadura Royal, 3 plátanos maduros, 100 gr. de almendra en polvo, 100 gr. de harina, el zumo de un limón, 1/2 vaso de agua, un puñado de almendra triturada y mantequilla para el molde.
Para prepararla primero deben picar los plátanos y pasarlos por la batidora junto con el zumo del limón. Reserven el puré obtenido y a continuación batan a conciencia los huevos con el azúcar. Incorporen a la mezcla la almendra en polvo, la harina, la levadura y el agua, que deberán batir hasta obtener una mezcla homogénea. Añadan a la mezcla anterior el puré previamente reservado y continúen batiendo. Llegado a este punto solo resta que engrasen el molde, lo espolvoreen con harina, supriman la harina excedente y finalmente viertan en el molde la mezcla previamente elaborada. Antes de introducir al horno precalentado, cubran la superficie con las almendras trituradas y espolvoreen la superficie generosamente con azúcar -el azúcar caramelizado con las almendras ligeramente tostadas quedará exquisito-.
El resultado, con reminiscencias al pan de plátano, aunque mucho más suave y apetecible, tendrá un aspecto tal que el siguiente,

Y aunque no es oro todo lo que reluce a causa de la falta de práctica con mis nuevos moldes de silicona y las limitaciones impuestas por mi horno sin controles de temperatura -sí, solo ON/OFF xD-, nunca antes había sido devorado a tanta velocidad un postre de este tipo.
Otros temas: (1) 23 míseros Euros es el precio del acceso al concierto de Amaral del sábado 20 de septiembre en el Coliseum de A Coruña. ¿Alguien se apunta?; (2) Aunque parece no haber gustado mucho, sepan que el blog tiene nuevo diseño, basado en el que en su momento adapté ligeramente para mi buen amigo No a todo. ¡A mi me encanta! :D; y (3) He incorporado un par de nuevos canales RSS -aún es pruebas-: el de tonterías y el de películas.
Aug
14
¡Pero que cosa más fácil hacer una tiramisú! ¡Y oigan, que aparente y rico el resultado! Les cuento: durante la sobremesa, buscando alguna excusa con la que dar esquinazo al trabajo que últimamente a todos lados me persigue, me busqué un fotógrafo y pinche de cocina -cuya identidad mantendré en el anonimato por razones de seguridad- junto al que preparar la que sería mi/nuestra primera tiramisú, eso sí, previa entrevista telefónica con mi agente financiero para ultimar algunas cuestiones de implementación. A excepción de la presentación final, muy mejorable, ¡éxito total!
Si se animan a hacer la suya propia necesitarán 250 gr. de queso mascarpone (un tipo de queso fresco fácil de encontrar en el supermercado), 3 huevos, 1/2 vaso de azúcar, 200 ml. de nata líquida, un tazón de café sólo (i.e., agua caliente + un par de sobres de Nescafé), cacao en polvo y bizcochos de soletilla.

1. Preparen el café sólo e incorpórenle una buena cucharada de cacao en polvo. Mezclen y reserven.

2. Incorporen la mitad del azúcar a la nata líquida y móntenla, ya sea a mano o a máquina. Recuerden que para facilitar el proceso lo mejor es que tanto la nata como el recipiente para batirla -preferiblemente metálico- estén bien fríos. Reserven en la nevera.

3. Separen las claras de los huevos, ármense de paciencia y móntenlas a punto de nieve. Reserven en la nevera.

4. A golpe de batidora -preferiblemente- mezclen el queso marcaspone con las yemas de los huevos y el azúcar restante. Ya sin usar la batidora, incorporen la mezcla anterior y la nata montada -reserven una pequeña parte- al bol con las claras a punto de nieve. Mezclen lentamente y con movimientos envolventes hasta tener una crema esponjosa.

5. Cubran la base del molde con bizcochos empapados en la mezcla de café y cacao -sin pasarse, que se rompen muy fácilmente-. Incorporen una capa de crema, de nuevo una capa de bizcochos empapados y finalmente una capa con el resto de la crema. Espolvoreen generosamente la superficie con cacao en polvo -un colador y golpes secos en la mejor forma de hacerlo-.

6. La tiramisú ya está lista, pero necesita reposar en la nevera unas cuantas horas -idealmente un día entero-. Salgan a dar un paseo o simplemente amenicen la espera con juegos sexuales con el pinche de cocina. Este es el momento de usar la nata reservada en el paso (4).

7. Pasada la espera, y si la crema tenía la consistencia suficiente y si se utilizó un molde adecuado, pueden intentar desmoldar la tiramisú. Ya sólo resta comérsela para recuperar la energía perdida durante el paso anterior xD
Aug
11
No, hoy no toca hablar de la exquisita canción de Presuntos implicados -pero póngase la canción para leer el post que le da su punto xD-. Más bien toca hacer referencia a mi visita semestral al hogar familiar que tuvo lugar este último fin de semana. Igual que hace un par años, sufrí un agradable ataque de nostalgia/morriña -que se transformaría en hartazgo/apatía si la duración de la visita sobrepasase las 24 horas; hay que ser realistas-, al que se sumó en esta ocasión un novedoso sentimiento que me llevó a valorar sobremanera custiones a las que nunca había concedido especial importancia: la comida casera, la posibilidad de tumbarse a dormir en un césped mullidito sin pensar en absolutamente nada, deambular sin rumbo por los lugares que frecuentaba de crío, conversar con las personas que tanto han envejecido desde que mis visitas a Vigo se distancian más y más en el tiempo, hojear viejos libros…
… en definitiva, muy bonito todo, pero lo cierto es que me aburrí soberanamente. Por ello, esta vez, abrumado por la cantidad de flores diferentes que iluminaban cada rincón de mi casa paterna -cosas de tener padres jubiletas con tiempo libre ilimitado-, y a la vez sumergido -¿ahogado?- en ese ñoño sentimiento empecinado en dar un desproporcionado valor a pequeñas cosas que objetivamente no lo tienen -¿a que huelen las nubes? xD-, acabé consumiendo algunas horas retratando toda aquella luz en primerísimo plano. Parte del proceso lo comparto con ustedes,

Sí, de acuerdo, no tienen ningún valor artístico ni técnico, pero oigan, ¿y lo bien que me lo pasé? :D El caso es que, fotografiando, fotografiando, acabé encontrando algunos viejos carnés con fotos adosadas de otra bella flor, que sin duda -juzguen ustedes-, ha mejorado con los años como niguna xD Las comparto aquí siguiendo mi sana costumbre de saber descojonarme de mi mismo, y a la vez anuncio el proceso de recuperación de la memoría histórica que he encargado a mi familia y que pronto se materializará en forma de nuevas fotos vergonzantes de mi infancia -de un año a esta parte hay algunos bebés en mi entorno y se me ha despertado la curiosidad por mi oscuro pasado-.

¿Por que será que tengo cada vez más frecuentes ataques de ñoñería? ¿Me he convertido definitivamente en Bridget Jones -Jesús dixit-? xD
Aug
10
Podría ser el nombre de un dúo cómico o el de un par de personajes de Disney, pero no amigos, horiatiki y souvlaqui son los nombres de dos de los platos tradicionales griegos más conocidos. ¿A cuento de qué viene esto? Pues simplemente a cuento de que el viernes pasado fuimos a cenar al griego. El nombre del restaurante es Hellas y está ubicado en el Callejón de la Estacada, para más señas, junto a Marítimo, el decadente pub de ambiente gay -sí, redundancia- bautizado como ‘la casa de todos‘ por mi buen y recientemente enamorado amigo Rafael. Lleva mucho tiempo en esa ubicación, así que la mayoría de ustedes ya lo conocerán, y si no fuese el caso, pues deberían pasarse (ojito que su nuevo teléfono es el 981 213 991, pese a que el antiguo aun aparece en muchas webs): servicio amable, comida rica, buena relación calidad/precio y ambiente agradable -por no decir directamente bajabragas, calificativo de cierto perfil de restaurantes que tomé prestado para mi vocabulario ya hace años-.
Yo ya fui bastante veces al Hellas, aunque esta era la primera después de haber pasado una semana en Grecia y podido catar in situ parte de los platos típicos del lugar. En disposición pues de sacar partido a mis recién adquiridos conocimientos gastronómicos, opté por el par de platos que más me gustaron durante mi breve estancia helénica. Tanto me habían gustado los platos en cuestión durante mi viaje y tan fiel ha sido la replica del Hellas, que bien se merecen un post para recomendárselos y de paso ofrecerles un par más de las fotos del viaje a Grecia.
En primer lugar pedimos horiatiki, o en otras palabras, la ensalada tradicional griega. Realmente es muy tradicional. Un paseo entre las terrazas de los restaurantes atenienses despeja cualquier duda. Es sorprendente los riquísima que está esta ensalada simplona a base de tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, queso feta, aceitunas negras, orégano y aceite de oliva que, cosas de la vida, yo acabé degustando el primer día de mi viaje a causa de un malentendido fruto de la colisión entre mi inglés ortopédico y la particular versión de ese idioma de un camarero local. El resultado llevó a mi mesa la maravillosa ensalada en cuestión:

Y de segundo, un souvlaki de pollo. Esto ya son palabras mayores. No hubo día en Grecia que no comiese al menos uno. Es un especie de pan de pita untado en aceite y frito enrollado que lleva dentro carne a escoger y procesada al estilo de la de un kebab, cebolla, tomate, lechuga, a veces hasta patatas fritas, y un salsa blanquecina llamada tzatziki. Hay pequeños locales por todas partes vendiéndolos a duro y medio. Para entendernos, el souvlaki sería a Grecia lo que el fish & chips a UK o los perritos calientes a USA, con la diferencia de que está mucho más rico y posiblemente sea también más sano. Ahí pueden ver uno de los que me degusté en mi chiringuito de confianza griego, en este caso de ternera:

¿Ya conocían estas exquisiteces? ¿A que están tremendas?
P.D.: ¡El primer comentario de este post hará el número 3.000 de la historia de este santo blog! ¡Gracias a todos! :D




















