Aun hay que ver como evoluciona la situación a lo largo de las próximas horas, pero todo apunta a que ya he hecho méritos suficientes para mi primer catarro nórdico. Podría haber dedicado el día a vagar por centros comerciales, pero no, en su lugar decidí morir de congelación explorando dos islas más de las 14 que conforman la ciudad de Estocolmo -la Venecia del Norte le llaman… mira que no habrá Venecias por el mundo adelante-.

Empezando en Blasieholmen, la zona de la ciudad donde ayer puse punto final a la jornada de turisteo después de escuchar un rato a las Mamá Noeles, rondé el Grand Hôtel -en el que todos los años se alojan los ganadores del Premio Nobel, que por cierto su entrega me pillará por aquí- y la espaciosa y bonita plaza dedicada a Raoul Wallenbergs -el que vendría a ser el Oskar Schindler sueco-, para dirigirme después a la isla de Skeppsholmen.

Skeppsholmen era una antigua base naval actualmente convertida en una zona verde muy agradable para pasear -o coger una pulmonía en un día como el de hoy- y que alberga unos cuantos museos destacados: el Östasiatiska Musset -museo dedicado al arte y arqueología china, japonesa, coreana e india-, el Moderna Musset -museo de arte moderno- y el Arkitektur Museet -museo de la arquitectura sueca-. Estos dos últimos comparten edificio -del arquitecto español Rafael Moneo- y fueron los que decidí visitar hoy. El de arquitectura en pequeño y está lleno de maquetas que muestran la evolución de la arquitectura sueca a lo largo de los años. Además tenía una exposición temporal sobre la arquitectura en Barcelona, con una parte diferencia dedicada a la Sagrada Familia -idiomas disponibles: sueco, inglés y catalán-. El museo de arte moderno es bastante más grande y contiene el tipo de obras propias de los museos de este tipo: una cabra insertada en un neumático, un vídeo con una repetición perpetua de una lámpara apagándose y encendiéndose, basura metida en cubos de metacrilato, una habitación blanca totalmente vacía, etc.

Recargadas las pilas con un par de calóricas Chokladbolls -sí, es lo que parece, bolas de chocolate-, desde Skeppsholmen crucé hasta otra isla aun más pequeña, la de Kastellholmen, apta para un paseo corto, echar un ojo a su castillo medieval central y contemplar las atracciones de la isla vecina de Djurgården, posiblemente objetivo para el próximo finde.

Finalmente he pasado casi todo el día de hoy por Gamla Stan -el casco histórico- callejeando, tiendeando, viendo el cambio de guardia -un rollo, como todos-, cotilleando un poco por casa de Gustavo y Silvia -aun me queda pendiente el Tesoro y el Museo de las Tres Coronas-, y, quién me lo iba a decir, sentado en un banquito de Storkyrkan -una catedral junto al Palacio Real- escuchando un concierto al calor de la fe sueca.

A última hora -o sea, a eso de las 15-, cansado de la guía de viaje, deambulé siguiendo a la masa por el centro de la ciudad, cobijándome en centros comerciales y H&M’s cada vez que perdía la sensibilidad en la manos. Llegando a la espaciosa y concurrida plaza de Sergels Torg, presidida por su obelisco de cristal, me encontré con una representación callejera del Cirkus Cirkör a la entrada del Kultushuset -vamos, la casa de la cultura-, con la que me entretuve un buen rato. Y de ahí hasta Kungsträdgården -o sea, el jardín del Rey-, donde aparte de encontrarme otro pequeño mercado navideño y una pista de hielo -oigan, que habilidad tienen estos rubios con los patines-, me quedé un buen rato escuchando a unas Mamá Noeles Cantoras la mar de simpáticas -observen como por el fondo pasan un par de ponies con total normalidad-.

¡Mañana más y mejor!

No se que hará normalmente un sueco un viernes a las 21, pero en lo que respecta a un españolito perdido por Suecia como yo, el plan de buscar alguna serie o película con la que pasar el rato y de paso seguir con el laborioso proceso de desoxidar el oído ante idiomas hostiles es una alternativa muy aceptable.

En el proceso me encontré con que varios vídeos que no había manera humana de sincronizar con sus correspondientes archivos de subtítulos (i.e., opción -subdelay y teclas 'z' y 'x' de mplayer). Una vez sincronizados en un punto, según avanzaba el vídeo, volvían a perder la sincronización. Pues como aún me llevo un rato dar con la solución -la trivial solución-, dejo constancia de ello.

Se reduce a usar otra opción de sincronización de subtítulos que no conocía: -subfps. Al parecer existen formatos de subtítulos que en lugar de marcas de tiempo utilizan frames, de forma que jugar con los FPS de presentación de los subtítulos para adaptarlos a los del vídeo en reproducción es la solución al problema. Problema resuelto.

Hace un par de días que ha dejado de nevar, y con ello yo he podido descubrir aceras, pasos de peatones y extensiones de césped hasta ahora cubiertas por el manto blanco de rigor. Al mismo tiempo he aprendido mucho sobre los peligros de las placas de hielo -increíble que acabe la semana sin estampar los morros contra el suelo- y sobre lo horrenda que el la nieve al derretirse -los paisajes de cuento se han convertido ahora en auténticas ciénagas-.

El buen tiempo ha llegado en el momento perfecto, justo en mi primer finde de turisteo. En realidad ya lo comencé ayer, con un paseo relajado por Gamla Stan -o sea, el casco histórico de Estocolmo-, que posiblemente complete mañana -el palacio Real está allí y lleva su rato verlo-, seguido de un recorrido por Djurgården -antiguo coto de caza real y en la actualizad una zona ajardinada muy maja- para aprovechar el buen tiempo.

En el paseo de ayer ya empecé a saborear algo de la navidad sueca. Sin buscarlo terminé en un pequeño mercado navideño en Stortorget, además de sumergirme en la decoración propia de la época, muy en consonancia con el frío polar que hace. ¿Recuerdan esos -horteras- Papa Noel escaladores que tan de moda estuvieron en España las últimas dos navidades? Pues no sé si estamos ante el accesorio navideño sueco de moda, o si hay alguna razón menos comercial que desconozca, pero si hay un adorno omnipresente aquí, son una especie de candelabros eléctricos muy cucos, disponibles en muchas ventanas y escaparates. Sin ir más lejos, mi ventana del SICS tiene uno de esos -como lugar de trabajo es un paraíso, pero eso lo guardo para otro post-.

A punto de cumplirse una semana aquí me siguen gustando mucho estos suecos. Y no hablo ya sólo de la genética, que no les mentiré, es para ponerse malo, ya no solo por los nativos, que vaya vaya con los nativos, si no por las mezcla raciales, con resultados tremendos. Seguiremos informado.

Este no es un post al uso. Más bien es un aviso a navegantes en forma de post. Me consta que muchas de las personas que me conocen, ya sea a diario o ya sea muy de cuando en cuando, se pasan por este panfleto a ver que se cuece. Me aprovecho pues de la situación para dar el aviso de la forma menos violenta posible.

No es nada nuevo si les cuento que no me gusta nada eso de le mensajería instantánea (ya saben, el MSN, el Google Talk, etc.) si no se usa para otra cosa que no sea dar un recado puntual, resolver alguna duda, compartir alguna tontería del momento o como herramienta en la fases iniciales de un tonteo. Fuera de esos casos las conversaciones eternas a través de un teclado me aburren soberanamente, y, siempre que es posible, las aborto y reemplazo por una llamada telefónica. Es por eso que mi colección de contactos de mensajería instantánea es bastante escasa, lo cual no quita que tenga mi pequeña manada de amiguitos y conocidos disponibles a golpe de click.

Centrándome ahora en el MSN, como saben, no uso Microsoft Windows como sistema operativo, lo cual no quita que pueda usar el MSN. Para hacerlo debo utilizar otros programas -hay varios parecidos-, que a veces limitan un poco las funcionalidades respecto al cliente de MSN original de Microsoft, pero que cumplen su función sin mayor queja.

Pues amigos, ignoro si el origen de la simpática situación que últimamente vivo está en la utilización de otros programas para conectarme al MSN -podría ser; no me parece descabellado del todo-, en la poca vergüenza de algunos de mis contactos -también podría ser; tengo amigos bastante cerdos- o en su torpeza natural en cuanto aparece un teclado y ratón de por medio -se muy bien que también hay de estos-. Sea como sea, les informo a todos ellos que en los últimos meses -y ayer por última vez-, he podido contemplar partes de su anatomía que dudo mucho estuviese entre sus intenciones compartir conmigo -y en algunos casos, he de decir que, desde aquí, mi más sincero aplauso y admiración-.

Esto ha pasado ya con más de uno y de dos de mis contactos. Los aludidos enseguida entenderán de que estoy hablando, y, si quieren, ya tomarán alguna medida al respecto -a mi desde luego no me molesta contemplar según que cosas-. Y el resto, pues nada, cuando quieran les paso las fotos de los aludidos xD

Aun no llevo ni 24 horas en este amago de Polo Norte, pero ya hay material para algunas primeras impresiones. La primera y fundamental es que aquí hace mucho mucho frío, vamos, un frío que te giñas. Aun lo dudaba yo al contemplar el paisaje nevado de primera hora, pero mi primera incursión del día al mundo exterior despejó toda duda. Se confirma que la nieve está fría de cojones, y que -2°C, digan lo que digan algunos, es un frío del copón.

En un pequeño paseo de exploración me he encontrado con dificultades para mantener la estabilidad que me convirtieron más que nunca en un pato mareado, he visto a coches deslizarse por la calzada que me han hecho temer por mi integridad de peatón y, no sólo es cosa de las películas, he visto a manadas de suequitos deslizarse colina abajo en trineo. Para muestra, observen la concurrencia de la pequeña cuesta nevada frente a mi apartamento. ¡Pa’matarse oigan!

A la vista del panorama, en la segunda salida al mundo exterior me dejé en casa los sentidos del ridículo y estrené mi sobria bufanda catalana -un muy oportuno regalo de cumpleaños- y mi gorro orejero con ridículos pompones -sí Davitz, finalmente lo compré-.

Y así completé un par de visitas al supermercado para surtirme de lo más elemental. Ahí me he encontrado que el inglés no está nada popularizado en los envases como esperaría en este gélido primer mundo. A causa de eso he comprado varias cosas que no tengo muy claro si son lo que parecen ser -por ahora, algo que parecían patatas resultaron ser unas pseudo-croquetas, y la inofensiva salsa de tomate resultó ser salsa de tomate hiper-picante-. Por tener, tengo dudas hasta con los huevos, anormalmente blancos como la nieve. En cuanto los consuma veremos si no acaban siendo champiñones.

Bastaron unos pocos paseos para que decidiese tomármelo con calma y volver a mi agujero para descansar antes del primer día de trabajo, y para planificar, guía en mano, las próximas incursiones a la capital. Y antes de todo eso, qué mejor que una buena ducha caliente. Ahí han surgido más dudas: sólo he visto en Suecia este tipo de duchas, sin más base que el propio suelo del baño con un desagüe y una ligera inclinación. Algo debo estar haciendo mal porque la inundación que monté no puede ser normal.

Pues aquí estoy, sentado entre mobiliario de Ikea en un apartamentillo bastante cuco -y por ahora desprovisto de las provisiones más elementales- al norte de Estocolmo, a un paso de Kista, el Silicon Valley de estos suecos -así lo llaman/ban ellos- y mi lugar de trabajo durante el próximo mes. Ha sido un viaje eterno -16 horas, nada menos-, con esperas enormes en cada aeropuerto que pisaba, pero concluido con éxito y sin incidentes reseñables a eso de las 00:20.

De A Coruña hasta Barcelona volamos en un MD-83 de Spanair -¡glups!-, y después de tres horas deambulando entre catalanes -muy buen pool genético oigan, amén de que me caen muy bien- y escuchar un par de anuncios de salidas de vuelos directos a Estocolmo en los que yo no viajaría -como jode eso-, salimos rumbo a la terminal de Lufthansa del aeropuerto de Munich. Quién me lo iba a decir, fue allí donde encontré un nuevo ejemplar de urinario público para mi colección de WC’s del mundo. Este ya lo conocía por terceros, pero no en primera persona. Les hablo del urinario-mosca, con un insecto impreso en el punto óptimo para el impacto del chorro de pis. Una tontería pensarán algunas. Pues para nada amigas, estamos ante tecnología punta para el control y anulación de la voluntad del usuario, atado de pies y manos -sobre todo manos-, por arte de un mosca, para dirigir el chorro libremente -la mente del hombre, esa gran desconocida xD-.

Está muy bien la terminal de Munich. No es una impresionante T4, pero tiene un punto especial. Allí tocó esperar otras tres horazas, está vez entre señores genéticamente aun más superiores que los catalanes, y tomando cafés para amenizar la espera.

Porque se ve que lo que estos alemanciños se han ahorrado no construyendo una T4, se lo gastan en invitar a té, café y prensa del día a todos sus visitantes en los abundantes rincones autoservicio habilitados a tal efecto en toda la extensión de la terminal -si también invitaran a Internet ya serían lo más; así se quedan en gente maja-. No les voy a engañar, a mi mentalidad de españolito le costó asimilar que todo aquello realmente fuera gratis xD

Después de muchos paseos por la terminal dándome calambres de estática el puñetero carrito, puntualmente embarcamos en el avión rumbo a Estocolmo. Pero la mala suerte hizo acto de presencia y organizó una nevada a lo grande que cubrió la pista de despegue y nos retrasó esperando en el avión más de una hora. Impresionante el ejército de quitanieves que empezaron a aparecer por doquier para limpiar la pista, y muy llamativo también el baño a presión de 15 minutos que recibió el avión -a saber con que tipo de líquido-, ya en línea de despegue, por parte de unos camiones/grúa, supongo que para descongelar o evitar que se congelase algún accesorio importante para despegar.

Con bastante retraso llegamos a Estocolmo, deseando llegar a mi apartamento y dormir, aunque todavía hubo que vivir un momento absurdo con un taxista que no era capaz de encontrar mi destino. No por esto -que el precio era tarifa plana-, pero por otros detalles que obviaré para no aburrirles, se sigue confirmando que el gremio de los taxistas junto a abogados y aseguradoras arderán en el infierno por los siglos de los siglos -salvo los que me lean, claro, que seguriño son una excelentes personas xD-.

Sea como sea, finalmente llegué a mi habitación, como he dicho, bastante cuca y con un colorido que me hace sentir como en casa xD

Y así dormí y dormí, hasta esta soleada mañana de domingo en la que, por poco que me apetezca, tendré que salir a la calle a desayunar, localizar los supermercados más cercanos, las paradas de metro, etc. ¿Que por qué no me apetece? Una imagen vale más que mil palabras.

Ale, ¡cuenta atrás para el gripazo en marcha! xD

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