Algunos lo recordarán, el pasado jueves 4 de diciembre, dos semanas antes de lo previsto y para sorpresa de algunos, volaba a A Coruña de regreso desde Estocolmo. El día anterior lo había invertido en cerrar papeleos, unos últimos paseos por la ciudad, escribir postales y en adquirir algunos souvenirs de última hora. Para entonces unos pocos ya sabían que era los que se estaba cociendo, otros lo intuían y el resto se dedicó a elaborar explicaciones a cada cual más creativa.

Pasados tres meses desde entonces casi todos los cercanos conocen tanto lo ocurrido como sus consecuencias. Para el resto elaboro este post 100% personal, largo, aburrido como pocos, sin fotos ni colores, con el que hacer definitivamente público lo que ya es un secreto a voces.

La historia comienza el martes 2 diciembre. Después de nada menos que tres o cuatro años acumulando pequeños descontentos y dudas de fe recurrentes, y tras una tarde de lunes que parecía no terminar, a la que siguió una noche no menos larga, amanecí temprano enviando SMSs con el mismo texto a un par de amigos: ‘Estoy en crisis. Llámame cuando puedas’.

Para entonces la decisión ya estaba tomada: terminar antes de lo previsto mi estancia de investigación en el SICS, regresar a España y abandonar mi plaza de profesor ayudante en la Universidad. Sobre las consecuencias y el futuro a medio plazo tomé la determinación de no preocuparme hasta comunicar a quienes correspondía mis intenciones y tener yo el tiempo suficiente para asimilar la nueva situación. Sobre el futuro inmediato -esa misma tarde- decidí no alterar nada y seguir con mi trabajo, en concreto ese día, realizando una presentación a los miembros del grupo de investigación que estaba visitando. Mi compañero de piso -un loquero- dice que tengo un pensamiento demasiado analítico. Debe de referirse a cosas como esta xD

A los SMSs de primera hora siguieron muchas y larguísimas llamadas telefónicas -posiblemente ese martes haya sido uno de los días de mi vida que más tiempo he pasado colgado de un teléfono- con unos y con otros para hablar, conocer sus opiniones ante las diferentes opciones y, lo más importante, pese a los kilómetros de distancia, no estar sólo una vez decidido romper con un pasado y un futuro muy cómodos que, pese a todo, no pintaban nada mal. No se ofendan los no telefoneados, pero explícitamente evité a aquellos que, aunque con la mejor intención, suponía iban a utilizar la estrategia del miedo para disuadirme, y a aquellos otros que por una razón u otra podrían hacer llegar la noticia a mi entorno laboral antes de lo deseado.

Ponía así punto y final a una época y comenzaba un nuevo camino que no sabía -ni sé- a donde me llevará. Y no lo hacía de cualquier forma oigan. A lo grande, desde Suecia nada menos, con todos los fuegos artificiales que eso añade. Hubiera preferido algo más discreto, pero bien pensado, no es tan raro: la estancias de investigación suelen estar más guiadas por el azar que por la lógica, normalmente primando el componente de retiro espiritual sobre la conveniencia objetiva de la estancia. Así fue en este caso, pero esta vez el retiro espiritual, sumado al aprendizaje y cansancio acumulado de los años, resultó en el tiempo y las fuerzas necesarias para acabar con la inercia que hasta aquel preciso momento dirigía mis pasos.

‘Te arrepentirás’, me han dicho algunos con aires de visionarios, como si todo esto no fuese más que uno de los efectos de la crisis de la treintena o como si, de hecho, no me estuviera arrepintiendo desde ya mismo, aunque solamente fuera por la enorme decepción que con esto haya causado a aquellos que tanto me han ayudado estos años. Aparentemente contradictorio y difícil de explicar sin exceder el nivel de nudismo personal que estoy dispuesto a asumir aquí, y sin conocer además en primera persona muchas circunstancias. Dejémoslo en frases hechas como por ejemplo ‘una retirada a tiempo es una victoria’ o ‘el futuro es para los valientes’, que aparte de adaptarse muy bien al caso, me dejan en muy buen lugar :)

Las semanas fueron pasando y yo asimilando la nueva situación. Era demasiado pronto para hacer una búsqueda laboral activa, pero en A Coruña tomaba forma una oferta de trabajo muy muy interesante, a la vez que, yo tiré de un hilo de lo más exótico -más como un tanteo de posibilidades que como algo realista- que llegó a mi hace tiempo precisamente a raíz de un viejo post en este blog -lo último que habría esperado a la vista del tono y temática que aquí adopto, pero así fue, para que luego critiquen mis posts geeks-. Tiraba y tiraba del hilo, y según lo hacía pasaba entrevistas telefónicas y una visita en persona a Madrid -la sede de la empresa en cuestión-. Lo que empezó como un juego inocente acabó convirtiéndose en una oferta formal de lo mas atractiva, salvo, triste pero cierto, que implicaba dejar A Coruña para vivir en Madrid.

De sobra sabrán que no me gustan las ciudades demasiado grandes y, en particular, seguro conocen mi total desinterés -¿aversión?- por Madrid. Por si no fuera suficiente, la capital tiene un significado especial para mi al estar ligada a la persona que más ha pisoteado mi corazón y salud mental durante mi vida contemporánea. Y si aun no llegara con eso, en esta época más que nunca, mi vida en A Coruña me encanta en casi todos los aspectos.

Pese a todo y por razones que de nuevo exceden lo que estoy dispuesto a mostrar en mi blog, he dejado de lado las ofertas de continuidad en la Universidad y también el resto de opciones laborales coruñesas, para en aproximadamente un mes prender fuego a esta vida que ahora tengo y que tanto me gusta -calidad de vida, que le llaman- para irme a vivir a la capital. Ni que decir tiene que, apariencias aparte -cuando es que puedo mantenerlas-, lo llevo fatal. Confío en que cuando acabe con todo esto proceso de cambio tan tan tan grande descubriré el lado positivo de Madrid y de la empresa privada, y la gente que quiero y me importa seguirá igual de cerca que antes -o más, que la distancia une mucho, que le digan si no a las familias-. También espero que esto sea una época en la que mejorar en todos los aspectos para volver algún día a esta ciudad que es la que más me gusta del mundo.

Hasta entonces espero sus visitas, siempre que quieran, no lo duden. Siempre, siempre, siempre. Mi casa, y en algunos casos mi cama, es la suya. Siempre. También espero aprovechar la oportunidad y estar a la altura del reto profesional que tengo por delante, donde seguro aprenderé muchísimo en un entorno plagado de señores listos como pimientos, haciendo el tipo de cosas que más me gustan, y en un tipo de trabajo de lo más exótico en un país como este.

¡Fin del comunicado!

Hace unas cuantas horas que hemos regresado de Estambul. Como no es cuestión de aburrir a nadie más de lo imprescindible, y como además a un servidor de ustedes le queda por delante toda una semana de lo más movida, seré conciso. Quienes quieran anécdotas y fotografías sólo tienen que cursar la petición. Quienes lo que busquen sean algunas indicaciones complementarias a las de su guía de viaje, basta con que sigan leyendo. Finalmente, aquellos que busquen motivos para burlarse de quien aquí les escribe y de su compañero de viaje, tendrán más que suficiente con el vídeo que adjunto al post.



  • Será uno de tantos, pero por instalaciones -muy modestas, pero nuevas- y ubicación -entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, quedamos muy contentos con el Side Hote & Pension, nuestro alojamiento. Eso sí, se confirma lo que habíamos leído por ahí: personal no especialmente simpático y desayuno cutre.
  • Sin excesos, pero en lo que se refiere al comercio y el bebercio, Estambul es una ciudad barata. En particular, *impresionantes* las pastelería-cafeterías que hay por la ciudad adelante (nos hicimos habituales de una en Divanyolu Cadesi, por Sultanahmet. A cada pastel que probábamos más rico que e anterior). Por la misma zona, para cenar estupendamente y por duro y medio nos encantó el Amedros.
  • El Gran Bazar está simpático, y durante un rato hasta es divertido, pero tenía las espectativas más altas con él. Si es cuestión de escoger me quedo con el Bazar Egipcio.
  • No se engañen con los baños turcos (hamam). Son lugares sórdidos -de cancaneo, al menos en lo que al ambiente se refiere-, de higiene absolutamente discutible, donde unos señores peludos, fundamentalmente desnudos y sin titulación visible practican tocamientos masajes en un ambiente irrespirable. Mi experiencia personal con el tema hamam sólo en persona, que a uno aun le queda algo de sentido del ridículo.
  • ¿A alguien realmente le gustan las delicias turcas? Lo dudo. Si optan por ese souvenir, compleméntenlo con algún detalle adicional.
  • Como comentaban en el post previo, muy recomendable -y barato- el viaje en barco-crucero, que dirían los más snobs- por el Bósforo -6 horas-, con última parada para comer pescadito en Anadolu Cavagi, en la orilla asiática de Turquia y a un paso del Mar Negro, previa ascensión al Castillo Genovés para ir abriendo apetito.
  • Cuatro días han sido suficientes para visitar todo lo recomendable sin prisas y sin usar más transporte que las patas. Tal vez cinco días si quieren comerse todos los museos y visitar hasta el último rincón.
  • La sensación por as calles es de seguridad, aunque, lo comprenderán en cuanto lleguen, el hermano turco siempre estará dispuesto a metérsela doblada en el tema económico.
  • ¿Algo más que no haya dicho? Pregunten y les prestaré mi ayuda/opinión siempre que sea posible :)

Pues estaremos por allá en un par de días, paseando, haciendo fotos, relajándonos y recuperando fuerzas para afrontar todo lo que se viene encima al regreso. ¿Consejos? ¿Recomendaciones? ¿Cosas concretas que visita, esquivar o degustar? Leeremos atentamente todo lo que tengan que decirnos.

Acabo de terminar con la lectura de ‘Kafka en la orilla’, otro obra más de Murakami que incorporo a mi biblioteca estantería personal. Y no será el último ya que a la vez que acababa con él ya simultaneaba con la lectura de las primeras páginas de ‘Sauce ciego, mujer dormida’, pero sobre ese ya habrá post cuando toque.

‘Kafka en la orilla’ es un buen tochazo -700 páginas- que me ha acompañado durante los ratos libres del último par de meses, por cierto, bastante activos y cargados de cambios, dejándome muy poco tiempo, ánimo ni inspiración para escribir por aquí. De eso también habrá noticia cuando toque.

La contraportada introduce el libro del modo siguiente: ‘Kafka Tamura se va de casa el día en que cumple quince años. Le llevan a ello las malas relaciones con su padre -un famoso escultor convencido de que su hijo repetirá el aciago sino de Edipo- y el vació producido por la ausencia de su madre; se dirigirá al sur del país, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y conocerá a la misteriosa señora Saeki. Sus pasos se cruzan con los de otro personaje, Satoru Nakata, sobre quien se ha abatido la tragedia: de niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un accidente del que salió con secuelas y dificultades para comunicarse… salvo con los gatos’. Así contado suena bastante soso, aunque supongo es el precio a pagar por no desmontar la historia.

A mi me ha gustado tanto o más que los anteriores de Murakami que he leído. Sigue siendo su mismo estilo y sus mismas historias cargadas de melancolía a caballo entre la ficción y la realidad. Tengo el estómago demasiado vacío para currarme una reseña con algo de xeito, así que les dejo, como siempre, algunos fragmentos sueltos que pueden servir para paladear un poco el sabor de la pluma de Murakami -obscenidades las justas xD-.

[...] Sujetos estrechos de miras, intolerantes y sin imaginación. Tesis desconectadas de la realidad, terminología vacía, ideales usurpados, sistemas inflexibles. Son esas cosas las que a mí [Ôshima hablando con Kafka Tamura], realmente, me dan miedo. Son esas cosas las que yo temo y odio con todo mi corazón. Es importante saber qué es correcto y qué no lo es, por supuesto. Sin embargo, los errores de juicio personales pueden corregirse en la mayoría de los casos. Si uno tiene la valentía de reconocer su error, las cosas, generalmente, se pueden arreglar. Pero la estrechez de miras y la intolerancia de la gente sin imaginación son igual que los parásitos. Provocan cambios en el cuerpo que les acoge y, mudando de forma, se repoducen hasta el infinito [...]

- Imagina un pájaro posado en una rama delgada -dice [la señora Saeki dirigiéndose a Kafka Ramura]-. La rama oscila fuertemente al viento. Y, a cada ráfaga, el campo visual del pájaro, a su vez, va fluctuando. ¿No es así?
Asiento.
- Y, cuando esto sucede, ¿cómo crees que el pájaro estabiliza su campo visual?
Sacudo la cabeza.
- No lo sé.
- El pájaro sube y baja la cabeza y se ajusta a la oscilación de la rama. La próxima vez que sople un viento fuerte observa bien a los pájaros. Yo me paso mucho tiempo mirando por la venta. ¿No te parece que debe ser agotadora una vida así? Vivir moviendo el cuello a cada oscilación de la rama en la que estás posado. Pero los pájaros están acostumbrados. Para ellos eso es lo más natural. Pueden hacerlo sin ser conscientes de ello. Por eso no les resulta tan cansado como nos lo parece a nosotros. Pero yo soy un ser humano y, a veces, me canso.

En este momento estoy atrapado entre el vacío y el vacío [Kafka Tamura]. Ya no comprendo qué es lo correcto y qué no lo es. Ni siquiera sé qué deseo. Estoy solo en medio de una espantosa tempestad de arena. Alargo el brazo y ni siquiera alcanzo a ver el extremo de la mano. Me envuelve una arena blanca y fina, como polvo de huesos. Pero la señora Saeki me habla desde algún lugar.

Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy especial [Ôshima hablando con Kafka Tamura]. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar ónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores [...]

Quiero que te acuerdes de mí -dice la señora Saeki [a Kafka Tamura]. Y me mira directamente a los ojos-. Si tú me recuerdas, no me importará que el resto del mundo me olvide.