Mañana temprano, tempranísimo, antes incluso de que las calles se instalen y de que los alcohólicos de viernes noche se hayan retirado a sus casas, quien aquí les escribe iniciará un viaje con destino Aquisgrán -Aachen /áajen/ en alemán, que me encanta como suena-. Un viaje de esos divertidos y nunca se sabe si con posible erótico resultado, con un par de aviones, otro par de trenes y algún taxi involucrados que me conducirán -a ver, a ver… xD- hasta la vieja capital del Imperio para allí asistir al congreso P2P’08. Un congreso pata negra que se celebrará en la prestigiosa Universidad Técnica de Renania-Westfalia (RWTH) y al que asistirán señores muy, pero que muy muy listos que saben de cosas de esas del P2P.

Y ahí voy yo, con mis modestísimos conocimientos sobre casi todo lo básico, mis problemas con la tabla del ocho y mi particular inglés gomaespumino, con la intención de aprender todo lo que se pueda. Por lo tanto, hasta mi regreso, el blog entra en servicios mínimos: actualizaciones en modo turisteo los ratos que sea posible, ello supeditado a la conectividad con la que allí me encuentre y a que el próximo fin del mundo no se interponga en mi camino.

No, hoy no toca hablar de la exquisita canción de Presuntos implicados -pero póngase la canción para leer el post que le da su punto xD-. Más bien toca hacer referencia a mi visita semestral al hogar familiar que tuvo lugar este último fin de semana. Igual que hace un par años, sufrí un agradable ataque de nostalgia/morriña -que se transformaría en hartazgo/apatía si la duración de la visita sobrepasase las 24 horas; hay que ser realistas-, al que se sumó en esta ocasión un novedoso sentimiento que me llevó a valorar sobremanera custiones a las que nunca había concedido especial importancia: la comida casera, la posibilidad de tumbarse a dormir en un césped mullidito sin pensar en absolutamente nada, deambular sin rumbo por los lugares que frecuentaba de crío, conversar con las personas que tanto han envejecido desde que mis visitas a Vigo se distancian más y más en el tiempo, hojear viejos libros…

… en definitiva, muy bonito todo, pero lo cierto es que me aburrí soberanamente. Por ello, esta vez, abrumado por la cantidad de flores diferentes que iluminaban cada rincón de mi casa paterna -cosas de tener padres jubiletas con tiempo libre ilimitado-, y a la vez sumergido -¿ahogado?- en ese ñoño sentimiento empecinado en dar un desproporcionado valor a pequeñas cosas que objetivamente no lo tienen -¿a que huelen las nubes? xD-, acabé consumiendo algunas horas retratando toda aquella luz en primerísimo plano. Parte del proceso lo comparto con ustedes,

                                                                              

Sí, de acuerdo, no tienen ningún valor artístico ni técnico, pero oigan, ¿y lo bien que me lo pasé? :D El caso es que, fotografiando, fotografiando, acabé encontrando algunos viejos carnés con fotos adosadas de otra bella flor, que sin duda -juzguen ustedes-, ha mejorado con los años como niguna xD Las comparto aquí siguiendo mi sana costumbre de saber descojonarme de mi mismo, y a la vez anuncio el proceso de recuperación de la memoría histórica que he encargado a mi familia y que pronto se materializará en forma de nuevas fotos vergonzantes de mi infancia -de un año a esta parte hay algunos bebés en mi entorno y se me ha despertado la curiosidad por mi oscuro pasado-.

¿Por que será que tengo cada vez más frecuentes ataques de ñoñería? ¿Me he convertido definitivamente en Bridget Jones -Jesús dixit-? xD

Podría ser el nombre de un dúo cómico o el de un par de personajes de Disney, pero no amigos, horiatiki y souvlaqui son los nombres de dos de los platos tradicionales griegos más conocidos. ¿A cuento de qué viene esto? Pues simplemente a cuento de que el viernes pasado fuimos a cenar al griego. El nombre del restaurante es Hellas y está ubicado en el Callejón de la Estacada, para más señas, junto a Marítimo, el decadente pub de ambiente gay -sí, redundancia- bautizado como ‘la casa de todos‘ por mi buen y recientemente enamorado amigo Rafael. Lleva mucho tiempo en esa ubicación, así que la mayoría de ustedes ya lo conocerán, y si no fuese el caso, pues deberían pasarse (ojito que su nuevo teléfono es el 981 213 991, pese a que el antiguo aun aparece en muchas webs): servicio amable, comida rica, buena relación calidad/precio y ambiente agradable -por no decir directamente bajabragas, calificativo de cierto perfil de restaurantes que tomé prestado para mi vocabulario ya hace años-.

Yo ya fui bastante veces al Hellas, aunque esta era la primera después de haber pasado una semana en Grecia y podido catar in situ parte de los platos típicos del lugar. En disposición pues de sacar partido a mis recién adquiridos conocimientos gastronómicos, opté por el par de platos que más me gustaron durante mi breve estancia helénica. Tanto me habían gustado los platos en cuestión durante mi viaje y tan fiel ha sido la replica del Hellas, que bien se merecen un post para recomendárselos y de paso ofrecerles un par más de las fotos del viaje a Grecia.

En primer lugar pedimos horiatiki, o en otras palabras, la ensalada tradicional griega. Realmente es muy tradicional. Un paseo entre las terrazas de los restaurantes atenienses despeja cualquier duda. Es sorprendente los riquísima que está esta ensalada simplona a base de tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, queso feta, aceitunas negras, orégano y aceite de oliva que, cosas de la vida, yo acabé degustando el primer día de mi viaje a causa de un malentendido fruto de la colisión entre mi inglés ortopédico y la particular versión de ese idioma de un camarero local. El resultado llevó a mi mesa la maravillosa ensalada en cuestión:

Y de segundo, un souvlaki de pollo. Esto ya son palabras mayores. No hubo día en Grecia que no comiese al menos uno. Es un especie de pan de pita untado en aceite y frito enrollado que lleva dentro carne a escoger y procesada al estilo de la de un kebab, cebolla, tomate, lechuga, a veces hasta patatas fritas, y un salsa blanquecina llamada tzatziki. Hay pequeños locales por todas partes vendiéndolos a duro y medio. Para entendernos, el souvlaki sería a Grecia lo que el fish & chips a UK o los perritos calientes a USA, con la diferencia de que está mucho más rico y posiblemente sea también más sano. Ahí pueden ver uno de los que me degusté en mi chiringuito de confianza griego, en este caso de ternera:

¿Ya conocían estas exquisiteces? ¿A que están tremendas?

P.D.: ¡El primer comentario de este post hará el número 3.000 de la historia de este santo blog! ¡Gracias a todos! :D

¿Les es familiar ese producto de la derecha? A poco que sean habituales de algún supermercado y sean algo observadores -a mi me encanta fijarme en todas las chuminadas desconocidas del super. ¡Quién se quedara encerrado impunemente en uno!- les tiene que sonar, en concreto, de la sección de lácteos, normalmente ubicado en algún punto entre todas las variedades de yogures, y los quesos, natas y mantequillas. Para quien no le sepa, eso es un producto relativamente exótico por estas tierras -aunque ese en concreto se fabrique en Ourense xD-, que se da en llamar kéfir, y que desde hace un par de semanas forma parte de mis normalmente nada nutritivos desayunos y cenas.

¿Qué es el kéfir? Los realmente interesados pueden consultar por ejemplo esta y esta referencia. Para el resto, un breve resumen: el kéfir es un hongo que se nutre de leche, de agua o de té, haciendo que éstos fermenten y produciendo como resultado del proceso el kéfir de leche -o leche kefirada, que resulta parecido a un yogur cremoso, aunque con diferentes propiedades-, el kéfir de agua azucarada y el kéfir de té -o kombucha-, respectivamente. Originario del Cáucaso, por estos lares el kéfir es un producto de minorías, que van desde esnobs y alternativos en busca del hecho diferencial, hasta perro-flautas e intensos en conexión con el universo convencidos de sus portentosos beneficios para la salud.

Particularmente interesante es la posibilidad -y sencillez- de elaborar kéfir casero. Una vez que nos hemos hecho con el bicho -el hongo, que tiene un aspecto como de coliflor fofa-, éste se convertirá en una especie de mascota que irá creciendo en la leche, agua o té con los que lo alimentemos, produciendo a cambio y cada 24 horas el exótico y saludable producto. Día tras día el bicho crecerá, y llegado un punto será imprescindible podarlo de forma que ya podremos compartirlo con nuestros amigos -siendo precisamente este ‘mano a mano’ la vía más común para su distribución-. ¿Alguien tiene? No me veo cultivándolo en serio, pero me gustaría probar.

Yo, nada amigo de la leche y de los quesos, he encontrado en la leche kefirada -la de la foto es de vaca, aunque parece ser que la de cabra está más rica, aunque también es más cara, claro- en combinación con algo de azúcar y de un puñado de cereales -especialmente los Kellogg’s Optivita con frutas del bosque- un desayuno y cena muy sencillos y saludables, alternativa a los yogures y las galletas Chiquilín de siempre . Si no lo conocían, ¡en la próxima visita al super denle una oportunidad! Y los ya iniciados, ¿han probado el kéfir de agua? Parece ser que e, resultado de la fermentación es una bebida ligeramente carbonatada… ¿está buena?

Next Page →