Nov
21
No se lo van a creer. Resulta que este weblog lo lee más gente que uno mismo y los cinco que cuelgan comentarios de vez en cuando. Seguro que es algo temporal. Desde luego mi interés por esto del weblog lo es. Soy una víctima tardía de esta moda, y es probable que desaparezca tan rápido como ha llegado. Vamos, para ser claro, que la estabilidad no es lo mío, así que no se me aficionen a que les cuente mi vida a diario, porque el día menos pensado dismunuye el ritmo de posteo hasta acabar echando la persiana, y se van a llevar un disgusto.
Bien, lo que ha pasado hoy es que he sido informado de que un par de lectores consideran cursi el título del weblog. Alarmado por semejante impresión consulté a otros lectores, y hubo cierto acuerto de que como mínimo el título no encajaba con el contenido: demasiado espiritual para después estar hablando de PDAs y letras de Melendy. Por lo tanto, sin ánimo de justificación alguno, aprovecho para contarles porque esto se llama “El anhelo constante”.
Verán, desde hace ya bastante tiempo soy aficionado a las citas a ciegas, también conocidas como quedadas. A priori podría parecer una afición peligrosa, pero no lo es, siempre y cuando se tomen unas precauciones mínimas. Si bien no es el único medio, el IRC es con toda probabilidad la vía más práctica para ejercitar una afición de este tipo. Bajo el nombre genérico de “cita a ciegas”, y ciñéndose al ámbito del IRC, hay muchos factores a tener en cuenta: la finalidad (pura diversión, amistad, sexo, pareja, etc.), el número de participantes (dos o más), el entorno (domicilio particular, cafetería, cena en marco incomparable, pub, etc.), el nivel de desconocimiento mutuo (años de conversacion a través de un teclado, aquí te pillo aquí te mato, etc.)… En fin, montones de combinaciones posibles, y algunas un poco imposibles.
Desde mis inicios en este deporte de riesgo he probado muchas de las combinaciones posibles, pero mi preferida es la más clásica: quedada tu a tu en cafetería con la finalidad de pasar el rato después de tres o cuatro días chateando (sesiones de una hora aproximadamente) y con una llamada de teléfono de unos veinte minutos de por medio. Bien, no seré políticamente correcto. En realidad, aunque la finalidad es pasar el rato, no está entre mis preferencias quedar con gente con la que, en última instancia, no sea posible una relación sexual.
¿Qué consecuencias tiene ser aficionado a este deporte, en la variante que he presentado como mi preferida? La consecuencia evidente es el conocimiento de más gente, con el beneficio adicional de que se trata de personas que, en general, no tienen nada que ver con nuestro círculo social habitual. Esa diversidad de personalidades e intereses es un factor enriquecedor y uno de los mayores alicientes de las quedadas. Podrían argumentar ustedes que esa ruptura con nuestro día a día personal se puede conseguir por otras vías, probablemente menos arriesgadas, como la participación en actividades tales como gimnasios, bailes de salón, escalada, puenting, clases de pintura o cualquier tipo de actividad que implique interaccióm social y que se aleje de nuestra rutina. Pues sí, tienen toda la razón. Salvando algunos matices, el resultado es el mismo.
Por lo tanto, aunque con sus diferencias, tenemos varias opciones para conocer gente nueva fuera de nuestra esfera habitual. Me centraré ahora en la diferencia más importante entre la quedada y el resto de opciones tradicionales. En una quedada el objetivo es, desde el minuto cero, y sin hacerlo explícito, introducirse en el lado más íntimo del iterlocutor, desmenuzar su personalidad, conocerlo de forma íntima (sin que ello implique desnudarse). En el tiempo que nos condeden un par de cafés es imprescindible averiguar si lo que hemos conocido a través de un teclado y que nos empujó a la quedada es realmente cierto. Es básico averiguar si habrá lugar a una segunda vez. Los aspectos más anecdóticos de la persona sobrará tiempo para conocerlos más adelante. El paso de la quedada ha sido decisivo. Si se ha llegado hasta ese punto habremos introducido de forma violenta a alguien en nuestra vida. La única oportunidad para eliminarlo de nuestra vida con una dosis de dolor mínima será no concediendo una segunda vez, pero para decidir eso habrá que mirar más allá de los ojos del iterlocutor en todo momento. En definitiva, en una quedada se avanza de lo más concreto y personal a lo más general y anécdotico. El camino exactamente opuesto al que se recorre cuando se conoce a una persona por un mecanismo más tradicional.
Pues bien, yo he conocido a bastante gente en quedadas de este tipo. Los resultados han sido de lo más diverso, pero el resultado global, a día de hoy, es, sin duda alguna, completamente satisfactorio. Rafa es una de las personas que he conocido de esta forma. Y fue el quien, algún tiempo después de que nos conocieramos, me definió como “El anhelo constante”. Fue una frase sin importancia en una conversación más, pero me pareció bonito, probablemente una buena definición de una parte importante de mi personalidad en tres palabras, y dicho por alguien que conocí en una quedada, con todo lo que ello implica. Por lo tanto, dado que este en mi weblog, creo que el segundo mejor de los títulos, después de mi nombre y apellidos, es una frase que me defina.
Ahí tienen la explicación. Podría haber sido mucho más sintético, pero el no haberlo sido me permite preguntales ahora: ¿Quedamos?
Bien, lo que ha pasado hoy es que he sido informado de que un par de lectores consideran cursi el título del weblog. Alarmado por semejante impresión consulté a otros lectores, y hubo cierto acuerto de que como mínimo el título no encajaba con el contenido: demasiado espiritual para después estar hablando de PDAs y letras de Melendy. Por lo tanto, sin ánimo de justificación alguno, aprovecho para contarles porque esto se llama “El anhelo constante”.
Verán, desde hace ya bastante tiempo soy aficionado a las citas a ciegas, también conocidas como quedadas. A priori podría parecer una afición peligrosa, pero no lo es, siempre y cuando se tomen unas precauciones mínimas. Si bien no es el único medio, el IRC es con toda probabilidad la vía más práctica para ejercitar una afición de este tipo. Bajo el nombre genérico de “cita a ciegas”, y ciñéndose al ámbito del IRC, hay muchos factores a tener en cuenta: la finalidad (pura diversión, amistad, sexo, pareja, etc.), el número de participantes (dos o más), el entorno (domicilio particular, cafetería, cena en marco incomparable, pub, etc.), el nivel de desconocimiento mutuo (años de conversacion a través de un teclado, aquí te pillo aquí te mato, etc.)… En fin, montones de combinaciones posibles, y algunas un poco imposibles.
Desde mis inicios en este deporte de riesgo he probado muchas de las combinaciones posibles, pero mi preferida es la más clásica: quedada tu a tu en cafetería con la finalidad de pasar el rato después de tres o cuatro días chateando (sesiones de una hora aproximadamente) y con una llamada de teléfono de unos veinte minutos de por medio. Bien, no seré políticamente correcto. En realidad, aunque la finalidad es pasar el rato, no está entre mis preferencias quedar con gente con la que, en última instancia, no sea posible una relación sexual.
¿Qué consecuencias tiene ser aficionado a este deporte, en la variante que he presentado como mi preferida? La consecuencia evidente es el conocimiento de más gente, con el beneficio adicional de que se trata de personas que, en general, no tienen nada que ver con nuestro círculo social habitual. Esa diversidad de personalidades e intereses es un factor enriquecedor y uno de los mayores alicientes de las quedadas. Podrían argumentar ustedes que esa ruptura con nuestro día a día personal se puede conseguir por otras vías, probablemente menos arriesgadas, como la participación en actividades tales como gimnasios, bailes de salón, escalada, puenting, clases de pintura o cualquier tipo de actividad que implique interaccióm social y que se aleje de nuestra rutina. Pues sí, tienen toda la razón. Salvando algunos matices, el resultado es el mismo.
Por lo tanto, aunque con sus diferencias, tenemos varias opciones para conocer gente nueva fuera de nuestra esfera habitual. Me centraré ahora en la diferencia más importante entre la quedada y el resto de opciones tradicionales. En una quedada el objetivo es, desde el minuto cero, y sin hacerlo explícito, introducirse en el lado más íntimo del iterlocutor, desmenuzar su personalidad, conocerlo de forma íntima (sin que ello implique desnudarse). En el tiempo que nos condeden un par de cafés es imprescindible averiguar si lo que hemos conocido a través de un teclado y que nos empujó a la quedada es realmente cierto. Es básico averiguar si habrá lugar a una segunda vez. Los aspectos más anecdóticos de la persona sobrará tiempo para conocerlos más adelante. El paso de la quedada ha sido decisivo. Si se ha llegado hasta ese punto habremos introducido de forma violenta a alguien en nuestra vida. La única oportunidad para eliminarlo de nuestra vida con una dosis de dolor mínima será no concediendo una segunda vez, pero para decidir eso habrá que mirar más allá de los ojos del iterlocutor en todo momento. En definitiva, en una quedada se avanza de lo más concreto y personal a lo más general y anécdotico. El camino exactamente opuesto al que se recorre cuando se conoce a una persona por un mecanismo más tradicional.
Pues bien, yo he conocido a bastante gente en quedadas de este tipo. Los resultados han sido de lo más diverso, pero el resultado global, a día de hoy, es, sin duda alguna, completamente satisfactorio. Rafa es una de las personas que he conocido de esta forma. Y fue el quien, algún tiempo después de que nos conocieramos, me definió como “El anhelo constante”. Fue una frase sin importancia en una conversación más, pero me pareció bonito, probablemente una buena definición de una parte importante de mi personalidad en tres palabras, y dicho por alguien que conocí en una quedada, con todo lo que ello implica. Por lo tanto, dado que este en mi weblog, creo que el segundo mejor de los títulos, después de mi nombre y apellidos, es una frase que me defina.
Ahí tienen la explicación. Podría haber sido mucho más sintético, pero el no haberlo sido me permite preguntales ahora: ¿Quedamos?
Comentarios
2 comentarios de “El anhelo constante”
Opinar





















Mmm
mmm bueno si es por eso el titulo esta bien… pero respecto a lo de las citas a ciegas via IRC.. yo pienso que su proliferacion se debe en gran parte a que dan la oportunidad a las personas que se coartan facilmente en el cara a cara a expresarse mas libremente y desarrollar asi su personalidad… amen de buscar sexo claro porque ¿para que engañarnos? es un uso muy extendido :P
–
Jandro
Pos…
Pos yo que quieres que te diga… sigo sin entenderlo xDDD
–
Sick-Boy